lunes 8 de agosto de 2011

Amor y Romance: ¿nos hace dependientes?

Cuando hablamos de amor y romance, muchas ideas llegan a nuestra mente. No obstante, una de las más frecuentes es la siguiente: “Yo amo a mi pareja con todo mi ser y sería capaz de hacer lo que sea por él/ella. Sin él o ella no puedo vivir y si mi pareja no me quiere, entonces me deprimo”.

Dicha frase puede que parezca la mayor demostración de un amor profundo y verdadero, pero la verdad es que está más relacionada con las deficiencias personales del individuo que la dice. ¿Por qué? Porque nos hace ver que el mundo de la persona gira en torno a su compañero/a y que, por ende, está desarrollando una dependencia poco saludable. Y es por este tipo de creencias que muchas personas se sacrifican constantemente por sus compañeros/as, dejando sus deseos en último lugar y poniendo el del otro en primero.

Yo conozco personas que, por temor a que su pareja se enoje con ellas, no se atreven a decir “NO” cuando no están de humor para salir o cuando no desean tener relaciones sexuales. De la misma forma, otros suelen “pedirle permiso” a su novio/a para visitar a alguien o, peor aún, se olvidan de su proyecto de vida, sólo porque a su pareja no le gusta.

En todos estos casos se está desarrollando un lazo de dependencia y, como casi siempre, la solución está en cambiar nuestro pensamiento. Ya es tiempo de que dejemos de ver al otro como una ‘media naranja’, pues todo somos un ser humano completo y no necesitamos de nadie más para ser felices.

¿Cómo cambiar el pensamiento?

En primer lugar, viendo cuáles cosas nosotros podemos hacer que no tengan nada que ver con nuestra pareja…. Busquemos un pasatiempo. Yo, por ejemplo, tengo una tía que adora pintar y eso, en cierta forma, la hace sentir especial. A otras personas les agrada leer, escribir, hablar en público, entre muchas cosas más. Busquemos aquellas cosas que nosotros hacemos bien y así nos convenceremos de que existen otras formas de sentirnos especiales, y que no es necesario el amor de otro u otra para sentirnos así.

Asimismo, tenemos que desarrollar otras relaciones sociales, además de nuestra pareja. En mi opinión, es un error (cometido, según he visto, más por mujeres que por hombres) distanciarnos de nuestras amistades para dedicarle todo el tiempo a nuestra pareja. Esto lo digo porque, con frecuencia, las personas quieren terminar una relación, pero no se atreven porque ya no tienen amigos y comienzan a creer que su pareja es la única persona que los/as quiere.

Por último, debemos recordar que el hecho de que yo ame a mi pareja, no quiere decir que le tengo que entregar toda mi vida. Antes, todo lo contrario: ambos tenemos que dar y recibir en la misma proporción. Si vemos que estamos dando mucho para la relación y que el otro no se esfuerza también por complacernos, entonces es tiempo de reconsiderar cuál será el rumbo que seguirá la relación. No nos regalemos… Aprendamos a amar sin depender.

sábado 6 de agosto de 2011

La opinión de los demás me afecta mucho: ¿Cómo lo evito?

Vivir en sociedad ha traído muchas ventajas para el ser humano: es más fácil protegerse de los peligros, el trabajo se puede dividir entre más personas y hasta podemos regular las conductas de los demás (incentivando lo bueno y censurando lo malo). Sin embargo, es este proceso de regular las conductas de los demás lo que ha propiciado que nos afecte en demasía la opinión de aquellos que nos rodean.

¿Cómo sucede esto? Sencillo: desde pequeños aprendemos que la aprobación de los demás es 'buena', porque nos hace sentir orgullosos; mientras que la desaprobación es 'mala', porque nos hace sentir avergonzados. Mi pequeña hermana, por ejemplo, se siente muy orgullosa cuando mi madre la elogia y la premia por ser una estudiante sobresaliente; por el contrario, se siente muy avergonzada cuando la castigan por estar utilizando la computadora muy tarde de la noche. De esta manera, ella está aprendiendo que para sentirse orgullosa de sí misma debe buscar la aprobación de los demás, y que para no sentirse culpable o avergonzada debe evitar su desaprobación.

Y ese aprendizaje que mi hermana está teniendo, muchos adultos lo llevan al extremo y ahí es cuando se crean algunos desequilibrios. Son muchas las personas que dejan de ser ellas mismas, sólo para complacer a los demás y conseguir su aprobación. Yo conozco el caso de un joven que, desando estudiar música, empezó a estudiar Ingeniería Industrial porque sus padres le decían que esa carrera le dejaría más dinero... En un principio, él cedió ante su deseo de ser aprobado por sus padres, pero luego (¡y gracias a Dios que lo hizo!) se dio cuenta de que era él quien trabajaría como ingeniero industrial (y no sus padres) y terminó cambiándose a la carrera que en verdad deseaba.

Así mismo, muchas veces uno deja de hacer lo que quiere o deja de ser uno mismo, sólo por el temor al “qué dirán” o a la desaprobación. Y en las ocasiones en que somos desaprobados por alguien, tendemos a sentirnos sumamente culpables o avergonzados... Y esto, claramente, no es saludable para nosotros.

¿Cuál es la solución?

En primer lugar, debemos entender que muchas de las cosas que la gente dice son sólo sus opiniones. El hecho de que alguien nos desapruebe o critique por algo (digamos, por ejemplo, porque no somos muy inteligentes o porque seamos feos), no quiere decir que realmente seamos así. Para esa persona, yo puedo ser tonto y feo, pero para otra puedo ser justamente lo contrario.

Por lo tanto, la próxima vez que alguien nos desapruebe, no tomemos lo que dice como una Verdad Absoluta, sino como una simple opinión... Evaluemos si lo que dice tiene algo de verdad y, si lo consideramos así, cambiemos lo que tengamos que cambiar, pero sin sentirnos culpables o avergonzados porque nos hayamos equivocado.

En la medida en que interpretamos lo que dicen los demás como meras opiniones, nos dejamos de sentir culpables o avergonzados frente a los comentarios negativos. Pero, al mismo tiempo, nos tomamos el tiempo de evaluar qué tanta verdad tienen los comentarios, y así determinamos lo que debemos de cambiar y lo que no, siempre sin ningún tipo de presión o culpabilidad. Y esta forma de ver las cosas nos puede acercar más a la felicidad, que el estar viviendo para agradar a los demás y conseguir su aprobación.

jueves 4 de agosto de 2011

El Dinero como medio para Compensar Inferioridades

Una de las frases que más he escuchado en mi vida es esta: “el dinero no da la felicidad”. Sin embargo, no todo el mundo sabe cómo demostrar esto. ¿Por qué? Porque cuando una persona consigue mucho dinero, en especial si antes no lo tenía, suele desarrollar una confianza que, a simple vista, puede confundirse con la felicidad. Por lo cual, es bueno hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué, en apariencia, el dinero nos proporciona felicidad?

Para responder esta pregunta, primero tenemos que analizar nuestra sociedad. En ella encontramos medios de comunicación que nos bombardean constantemente con películas y comerciales, donde el dinero es lo que nos permite conseguir todas aquellas cosas que “nos harán felices”: buenas casas, carros caros, ropas de marca, acceso a la 'elite', entre muchas cosas más. La mejor muestra de ello es que son pocos los finales felices en los que los protagonistas de una película o historia se quedan pobres; antes, todo lo contrario: ¡Ambos terminan siendo ricos!

Entonces, he aquí lo que sucede: una persona no muy rica (o pobre), ve en casi todos los medios de comunicación que la felicidad y todas las cosas 'buenas' están rodeadas de dinero. Por ende, entiende que como él/ella no tiene dinero, entonces no puede ser feliz. Y es así como la sociedad nos va condicionando para que creamos que sin dinero no hay felicidad.

¿Cómo se siente, entonces, aquella persona que no tiene dinero?

Se siente frustrada e impotente por no poder conseguir dinero, y así comprar todas aquellas cosas que desea (mejores casas, mejores carros, mejores ropas). Y es el catalogar las cosas “caras” como “mejores”, lo que le hace pensar que sus cosas (que son “más baratas”) son “peores”.

Y así mismo terminamos catalogando a las personas: “Juan Pérez es mejor que yo, porque tiene más dinero y puede conseguir más cosas que yo; en consecuencia, yo soy peor que Juan Pérez y, por ende, soy inferior”. Es decir, determinamos el valor de una persona según las cosas materiales que tenga.

Con el tiempo, esa persona que consciente o inconscientemente llegó a sentirse inferior por no tener dinero, comienza a luchar y trabajar mucho para conseguir más y más dinero... Y cuando llega a tener una buena entrada económica, se siente superior, y eso le proporciona una seguridad y un bienestar temporal que se asemeja mucho a la felicidad personal.

¿Cuál es el problema?

El problema está en que estamos haciendo que nuestra felicidad personal dependa de factores externos. Y si hacemos que nuestra felicidad dependa de lo de afuera (lo que no podemos controlar), estaremos viviendo en una montaña rusa emocional que nos volverá inestables.

Además, hoy puede que nuestros sentimientos de preocupación o tristeza provengan de la carencia de dinero. Pero el día en que lo consigamos, nuestra felicidad dependerá de algo más (del físico, de mi pareja, etc.).

Solución.

No permitas que tu felicidad dependa del dinero, tu físico o cualquier otra cosa externa. Por el contrario, mejor enfócate en desarrollar todas tus cualidades y dones internos.

En la medida en que desarrollamos nuestros dones (habilidades de escritura, facilidad para la ciencia, las matemáticas, el canto, las artes o lo que sea), nuestra seguridad personal se va haciendo más sólida, porque nos sentimos útiles y valiosos. Y lo mismo sucede cuando vamos perfeccionando nuestras cualidades (solidaridad, respeto, honestidad, etc.), pues sentimos que somos buenos y que estamos poniendo de nuestra parte para conseguir un mundo mejor. De esta manera, el dinero pasa a un segundo plano: sabemos que es importante, porque lo necesitamos para sobrevivir, pero después que tenemos las necesidades básicas cubiertas, lo que importa es el desarrollo de nosotros mismos.

Si logramos esto, estoy seguro de que tendremos una mejor autoestima y, por ende, mayor felicidad, ya que no dependeríamos de lo externo (dinero, belleza o cualquier otra cosa), sino del desarrollo de nuestro ser... ¿Y quién no se siente feliz cuando se está desarrollando?

sábado 4 de junio de 2011

Aconsejando la Perfección

Una de las tendencias que, en mi opinión, están más arraigadas en el ser humano es la que podría denominarse “Aconsejar la Perfección”. Cuando aconsejamos la perfección no le decimos a la otra persona que tiene que ser perfecta directamente, pero indirectamente se lo insinuamos. ¿Cómo? Olvidando momentáneamente las características que lo convierten en un ser humano especial y resaltando, como una forma de motivar el cambio, aquellos defectos que la persona “debería superar”.

Por ejemplo: imaginemos a un joven que posee un gran talento para la música y que, de manera firme y comprometida, se ha esforzado por perfeccionar su don. Luego de muchos años de práctica, él llega a hacerse famoso y alcanza la cima de su carrera; sin embargo, en él hay un defecto que no ha podido superar: es sumamente tímido y se le dificulta relacionarse con personas desconocidas.

Una persona que aconseje la perfección se enfocaría en la timidez del joven y le explicaría las ventajas que tiene ser extrovertido. Pero, al mismo tiempo, actuaría como si se olvidara de los grandes logros que él ha tenido y, en vez de elogiarlo por sus éxitos, se enfocaría en sus defectos. Mas si hemos de poner todo en una balanza, alcanzar el éxito profesional tiene mucho más peso que ser tímido. Entonces, ¿por qué recordarle a ese joven el defecto que no ha podido superar? ¿Acaso no sería más factible elogiar al joven por las cosas que ya ha alcanzado, lo cual, a su vez, podría aumentar su autoestima y esto, en consecuencia, haría que el joven vaya perdiendo su timidez poco a poco?

Por supuesto, está claro que sería conveniente que todo ser humano busque su crecimiento día a día. Y, en el caso especial del joven músico, sería mucho más beneficioso para él desarrollar ciertas habilidades sociales. No obstante, lo importante de este joven no es su timidez, sino su talento musical y su disciplina, características que lo han llevado a alcanzar su éxito profesional.

Pero, como he dicho, a veces nos enfocamos en lo negativo, lo cual a veces es lo mínimo, y nos olvidamos de todo lo positivo, lo cual a veces es lo más relevante… Y es aquí cuando cometemos lo que los terapeutas cognitivos-conductuales han denominado “Abstracción Selectiva”: enfocarse en las características negativas de algo o alguien, excluyendo todo lo demás.

¿Qué pasa cuando aconsejamos la perfección?

En primer lugar, podemos hacer que la autoestima de la persona disminuya, ya que el individuo podría interpretar que lo negativo es mayor que lo positivo. Asimismo, podríamos hacer que el individuo se sienta frustrado por no poder cambiar todos sus defectos e, incluso, podría llegar a pensar que para ser feliz es necesario estar cerca de la perfección.

Solución.

La solución a este problema es muy sencilla si se siguen los siguientes pasos:

1- La próxima vez que veamos un defecto en alguien, no digamos absolutamente nada. Seamos prudentes y hablemos en el momento indicado.

2- Pongamos en una balanza las cualidades y los defectos, las fortalezas y las debilidades de la persona en cuestión. Si vemos que las cualidades y las fortalezas pesan mucho más que los defectos y las debilidades, entonces enfoquémonos en elogiar todo lo bueno de esa persona.

3- ¿Cuándo es conveniente hacer sugerencias? Cuando sea la persona en cuestión quien pida ayuda. Quizás, el joven músico se siente bien siendo tímido o para él eso no es importante, porque ya se siente muy a gusto con lo que ha alcanzado… En este caso, una sugerencia puede que no sea bien recibida.

4- Cuando queramos criticar a alguien o dar “consejos fáciles” para superar una debilidad, recordemos también nuestros propios defectos y lo difícil que es dejarlos atrás. ¿Por qué esperamos que el otro sí pueda cambiar cuando, en ocasiones, ni nosotros mismos podemos cambiarnos? Es que, como dicen por ahí, es más fácil decirle al otro cómo solucionar sus problemas, que solucionar los problemas personales.

Por último, es conveniente que entendamos que, al final, siempre tendremos defectos y debilidades, sin importar qué tanto nos esforcemos por ser perfectos. Por lo tanto, resulta más saludable para nuestra mente aprender a aceptarnos como somos y abandonar esos ideales de perfección que nunca podremos alcanzar. Si lo hacemos, estoy seguro de que estaremos un paso más cerca de la felicidad.

miércoles 16 de febrero de 2011

El Suicido: ¿Desequilibrio Personal o Resultado del Ambiente?

Una vez un profesor de psicología nos explicaba: “Toda persona que quiera suicidarse tiene la mente alterada”. Y sí, quizás eso sea cierto. Sin embargo, cuando decimos que la persona tiene su mente alterada sólo nos fijamos en el interior de la persona, creyendo que las causas son intrínsecas, y muy rara vez indagamos sobre las condiciones externas que llevaron a la persona a suicidarse.

Leyendo a Carl Rogers me di cuenta de que él tenía unos planteamientos muy interesantes y me llamó mucho la atención el término “Tendencia Actualizante”. Según él, todo organismo la tiene y, por medio de esta tendencia, uno busca su propio crecimiento y desarrollo… Tomemos, por ejemplo, una semilla y coloquémosla en las condiciones más precarias: sin agua, ni abono, sol extremo, etc. La semilla hará su mayor esfuerzo por crecer y desarrollarse (tendencial actualizante), aunque las condiciones sean las peores. Aunque su medio no se lo permita, la semilla hará su mejor intento y dará un tronco seco, hojas e intentos de flores marchitas, raíces podridas y todo lo demás. Pero la semilla dio lo mejor que podía, tomando en cuenta sus condiciones.

De la misma forma, una persona que desee suicidarse está haciendo uso de su tendencia actualizante, ya que está dando lo mejor de sí; pero su ambiente hace que lo mejor de sí termine en muerte. Entonces, mientras algunos filósofos y psicólogos se pasan debatiendo sobre si el suicidio es un acto “cobarde” o un acto “valeroso”, por ahí andan miles de personas tratando de dar lo mejor de sí, pero sin contar con las condiciones que se lo permitan… Y al final, aquella semilla que pudo haberse convertido en el árbol más fructífero de su época y que pudo haber sido admirado por todo el que cruzara a su lado, termina siendo un árbol tan feo y pequeño que los peregrinos lo pisan sin darse.

Quizás por cosas así aparece la Terapia Familiar Sistémica, la cual plantea que debemos analizar los problemas tomando en cuenta el contexto en que se dan. Para los terapeutas familiares, los desequilibrios mentales no son debidos únicamente a alteraciones cerebrales, sino también por ambientes familiares negativos. De esta manera, el problema que presenta una persona tan sólo puede ser entendido como resultado de un ambiente familiar desequilibrado y, por ende, la terapia se enfocaría en modificar al sistema familiar que lleva al paciente a sufrir de depresión.

Por eso considero la terapia familiar como una herramienta complementaria para todas las demás teorías psicológicas… Interesante, ¿cierto?

lunes 6 de diciembre de 2010

¿Cómo Construir una Relación de Pareja Saludable?

Aquí les estoy enviando una afiche sobre una charla que tendrá lugar en República Dominicana. La charla tendrá como tema "¿Cómo Construir una Relación de Pareja Saludable?" y estará a cargo de la destacada Dra. Ana Simó, directora del Centro Vida y Familia.

Para los interesados, aquí les dejo los datos del evento:
Fecha: 18 de Diciembre de 2010.
Hora: 09:00 A.M.
Lugar: Autorio de la Universidad Católica Santo Domingo (Av. Bolívar), Santo Domingo, República Dominicana.
Inversión: RD$600 (individual) y RD$1,000 (en pareja).

Si deciden inscribirse antes del viernes 10 de diciembre, tendrán un 10% de descuento, siempre que lo hagan a través de un miembro del equipo de psicologiadominicana.net

Yo soy parte del equipo de esa página. Pueden ponerse en contacto conmigo de la siguiente manera:

Celular:
(809) 707-4120.
Correo Electrónico: enmanuel.vasquez1@gmail.com

¡Espero estén interesados!

lunes 15 de noviembre de 2010

Los Ciegos, los Videntes y los Iluminados...

Sin ánimos de ser absolutista, pienso que todas las personas podríamos entrar dentro de una de las siguientes categorías intelectuales: ciegos, videntes o iluminados. Veamos, a continuación, en qué consiste cada categoría y en cuál se colocarían ustedes.

Los ciegos son aquellas personas que están cegadas por las “necesidades”. La mayoría de sus acciones están encaminadas a satisfacer dichas necesidades, como son: alimento, ropa, techo y todo lo demás. Éste es el grupo que no se ocupa de aprender cosas nuevas y sus necesidades intelectuales son muy mínimas… Puede que sean muy inteligentes, pero probablemente todavía no saben cómo usarla plenamente. En los pocos casos en que se interesan por aprender algo, posiblemente sea para tener algo con qué “ganarse la vida” (cursos técnicos de mecánica, diseño, secretariados, etc.). Están ciegos porque no pueden ver, aunque sea un poco, más allá de sus propias necesidades primarias.

Los videntes, por otro lado, sí pueden ver más allá de sus necesidades primarias y, por tanto, se enfocan en otras necesidades un poco más elevadas. Estas personas estudian algo porque tienen “talento” para ello (por ej. Derecho, publicidad, economía, actuación) y tratan de lograr dobles beneficios: alcanzar un buen nivel de vida económico, a través del trabajo constante que beneficie a la sociedad.

La mayoría de las personas exitosas en sus carreras, desde esta perspectiva, entrarían en este grupo: presidentes y vicepresidentes de compañías, gerentes, grandes actores, eminentes ingenieros, etc… Todos ellos funcionan más allá de las necesidades básicas (como el desarrollo de los talentos, conocer otras culturas), tratan de formar buenas relaciones humanas y, con mucha probabilidad, este es el ideal de la sociedad occidental: éxito profesional, extroversión, inteligencia y todo eso.

Por último, se encuentran los iluminados. Los he llamado así porque, al parecer, han sido iluminados por un conocimiento tan trascendental que ni siquiera están interesados en el éxito económico o en la satisfacción inmediata de sus necesidades básicas; aunque también entienden que todo lo anterior también es importante y esencial. Para ellos, los excesos y las carencias crean distorsiones en el pensamiento y, por tanto, no se rigen por las dicotomías de pobre-rico, exitoso-fracasado, bueno-malo. Abraham Maslow denominó a estas personas como Auto-Realizadas.

En cierta forma, los iluminados han trascendido a la sociedad misma y no se conforman con ésta, sino todo lo contrario: la cuestionan, permiten el avance. Algunos ejemplos que, desde mi perspectiva, podrían cumplir con este criterio serían: Jesucristo, Mahatma Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, Albert Einstein quizás, entre otros.

¿Cuáles otros conoces? ¿En qué grupo estarías tú?